Hoy estoy zapatista

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Siempre hay una cereza para un pastel y una gota que derrama el vaso. A mí, aparte de presentarse en situaciones y personajes varios insiste en manifestarse en formas distintas. La de hoy fue al cruzar una calle, y fue sublime. He de aclarar que se trata de un cruce con su alto índice de riesgo, de esos que parecen inofensivos pero que son traidores. Dos mujeres delante de mi cruzan en cuanto se pone la luz peatonal en verde mientras un imbécil (lo siento, no le conozco pero no pisar el freno antes, lo convierte instantáneamente en un completo imbécil) espera a que la maraña de gente se mueva para frenar en seco y a 5 centímetros de la mujer número uno. “¡Cuidado mujer!” dice la mujer número dos. Mujer número uno le responde “tenía que detenerse”. Mujer número dos le grita “¡ay! ¡que no nos den la razón en el cementerio!”. Y me entra vértigo, y la cereza, la gota, y los etcéteras se convierten en ese temido día en que toda persona madura se da cuenta de que no quiere que se le siga tratando como a un adolescente y se cuestiona todo y le dan ganas de mandar todo al carajo bien mandado. Porque no hay respeto y no hay derecho, y porque no es normal que las circunstancias le obliguen a vivir como un adolescente cuando se es un adulto. Y porque la dignidad, sí, eso que esta guardado en un cajón desde hace un tiempo ha de ser algo que se ha de vestir diariamente y no solo en ocasiones especiales. Entonces se plantea uno estrategias de RISK, de ponerse goggles y hoodie negra, de amarrarse un paliacate rojo, y de pasar de los molotovs a palabras mayores con una receta casera de Napalm y quemar de una vez por todas todo lo malo, todos los abusos, todos los problemas, y de paso todo el petróleo posible para que muerto el perro se acabe la rabia y la gente se decida a ser gente de verdad y se deje de pendejadas.